Silencio. Una ciudad desierta y callada. Soledad. Una calle, asfalto caliente. Silencio de nuevo. Vacío. Algo me invita a recorrer mi interior de igual forma que camino la ciudad, observando mis aristas y mis rincones, parando en cada pliegue, al volver cada acera, al visitar cada pozo donde guardo lo que olvido, al pasear por la piel de lo que recuerdo. Los grises de los coches me hacen sentir gris. El blanco del asfalto y del cielo me vuelven brillante. ¿Gris brillante o Brillo gris? Depende. Es sólo una sensación, pero es muy intensa, tanto que miro los coches con los ojos entornados, veo las calles en blanco y negro y veo que las ventanas me miran a mí. ¿Qué verán? Pasa un coche muy blanco y otro muy negro. Miro el cielo y sigue estando blanco. Todo está en silencio y yo me siento muy pequeña.
Esto es lo que me provoca la pintura de Fernando Martín Godoy (Zaragoza, 1975). Ayer le concedieron el Gran Premio de Arte Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal, en su XX edición, por su obra Interior Exterior. La visión de la ciudad de Fernando ha merecido que le premien y nosotros nos alegramos mucho.
Hasta el 17 de septiembre podemos ver Interior Exterior en el Palacio de Sástago, junto con las obras de David Israel y Eduardo Lozano Chavarría, en quienes recayeron los accésit, a la de Beatriz Sumelzo, premiada con un Premio Especial al Artista menor de 30 años, y al resto de los cuadros seleccionados. Hasta final de agosto podemos ver los cuadros de Fernando Martín Godoy, junto a los de Pepe Cerdá y a los de Ignacio Fortún en la exposición Miradas sobre la ciudad en el Palacio de la Aljafería.
|