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:: LA REDENCIÓN DEL CAPITÁN BLIGHT
 

En 1787 la fragata Bounty partió del puerto de Portsmouth destino a Tahití. Su misión era recoger brotes de la Planta del Pan y llevarlos hasta las Indias para alimentar a los esclavos de la corona británica en las colonias y, de paso, ahorrarle miles de libras al año. La Bounty llegó a Tahití con un retraso de varios meses, cuando el periodo de floración de la planta ya había terminado, y los hombres se establecieron en la isla hasta que la planta volviera a florecer. En ese tiempo, las normas se relajaron y los hombres se relacionaron con las nativas. Al reanudar el viaje, los hombres se amotinaron con el oficial Fletcher Christian a la cabeza y regresaron a Tahití, donde recogieron a unos pocos hombres y a muchas mujeres y se refugiaron en las Islas Pitcairn. Blight y otros dieciocho hombres fueron abandonados en un bote de siete metros de eslora y comida para cinco días, y aunque parecían destinados a una muerte segura consiguieron una de las mayores hazañas náuticas: navegaron casi siete mil kilómetros en cuarenta y siete días hasta llegar a Timor.

Durante muchos años se aceptó que los motivos que llevaron a la tripulación a amotinarse fueron los ofrecidos en 1934 por Charles Nordhoff y James Hall en su novela El motín de la Bounty (Edhasa, 2007), que se consideró más un tratado histórico que un relato, y que presentaba al capitán Blight como un ser déspota y cruel que humillaba y maltrataba a sus hombres sin más razón que la de verse cuestionado. Blight fue retratado como un tirano en varias versiones cinematográficas; la más conocida es Rebelión a bordo (1962), donde el protagonista y héroe -Marlon Brando- era el oficial Christian.

La historiadora norteamericana Caroline Alexander dio un giro a esta teoría en La Bounty (Planeta, 2002). Su investigación describió a Blight como un hombre tolerante que intentó terminar su viaje sin infligir ningún castigo, y presentó como origen del motín el deseo de los hombres de regresar a Tahití para vivir con las mujeres que allí habían conocido.

En Motín en la Bounty, Boyne toma partido por la versión de Alexander y narra el viaje a través de los ojos de John Jacob Turnstile, un huérfano de catorce años que, por azar, evita la cárcel al convertirse en el criado del capitán Blight. El chico, un personaje con claros paralelismos con el “Oliver Twist” de Dickens, es un pícaro que ha sufrido una vida llena de abusos de todo tipo en el “orfanato” donde vivía. Es Turnstile –rápidamente apodado “Tunante”- quien narra los hechos en primera persona, ofreciendo al lector más información de la que se obtendría con el punto de vista de cualquier otro personaje gracias a su posición: conoce el sentir de sus compañeros y a la vez el de los oficiales, gracias a las conversaciones que presencia y a la cercanía con Blight.

Motín en la Bounty comparte con El niño con el pijama de rayas, la anterior novela de Boyne, el tono de fábula sobre la lealtad y la mirada infantil del narrador. Ambas son novelas donde el protagonista descubre la vida, cada uno a su manera, y donde los dos se muestran fieles a lo que creen que es el bien. Esta novela de aventuras es, ante todo, una recreación de la historia que redime al capitán Blight y que busca en el interior del hombre las razones que dieron origen a uno de los hechos más conocidos de la historia de Inglaterra.

MOTÍN EN LA BOUNTY. John Boyne. Traducción de Patricia Antón de Vez. Salamandra. Barcelona, 2008. 473 páginas.

Eva Cosculluela
Reseña publicada en Artes&Letras el 16/10/2008


17/11/2008 -
 

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